El final de la vida
El final de la vida 4588 Jolanta Klyszcz
De todos los fenómenos que pueden ocurrir a los seres vivos, la muerte es el más universal y el más inevitable. A estas dos propiedades se une otra, que no depende tanto de sus características propias como de nuestra estructura emocional y nuestra incapacidad de vivir en la incertidumbre; la muerte se considera como la puerta del “más allá”, el umbral de lo desconocido. Estas tres características han sido las principalmente responsables de que la muerte haya ocupado la atención de muchísimos pensadores, pero simultáneamente se ha seleccionado en forma casi automática a los pensadores menos capacitados para hacer avanzar el conocimiento. El resultado es una enorme literatura romántica, autoritaria, dogmática, imaginaria, en ocasiones hasta elocuente, pero casi nunca relacionada con la realidad. Ni siquiera entre los escritos estrictamente científicos se ha considerado a la muerte como un fenómeno natural; en ningún texto de fisiología he encontrado una sección dedicada a la muerte, y esto es alarmante, en vista de que los seres biológicos sólo pueden existir en dos estados, que los dividen en forma quizá tan inconfundible como indefinible: vivos y muertos. Conviene completar aquí nuestra caracterización de la muerte en función de sus propiedades más salientes: universal, inevitable y desconocida.
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